martes, 2 de mayo de 2017

Abderramán II, el emir que ordenó la fundación de Murcia

¿Y qué podemos contar de Abderramán II que no se sepa ya?

Uno de los objetivos de estos pequeños artículos sobre personajes reales de la novela "Mursiyya, el talismán del Yemení" (editorial Dokusou) es que el lector de esta obra de ficción histórica pueda identificar con mayor facilidad a los personajes que realmente existieron en la Murcia y el al-Andalus del siglo IX d.C.
Estatua en Murcia de Abderramán II
Podríamos haber descartado, por tanto, dedicar estas breves líneas a un personaje tan evidentemente real. Pero Abderramán II merece por sí mismo un artículo, sí o sí, ya que es el gobernante que dio la orden de construir una ciudad que hoy conocemos como Murcia, razón de que esta novela histórica exista.

Abderramán II

Mi experiencia me dice que algunas personas tienden a confundir a Abderramán II con Abderramán III (este último es más conocido porque fundó el afamado Califato de Córdoba) y lo primero que quisiéramos es dejar claro que no son, ni con mucho, el mismo personaje. Es cierto que ambos pertenecen a la dinastía Omeya, pero no vivieron en la misma época.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
Abderramán II, que es el que nos interesa, coprotagoniza con Omar varias escenas de "Mursiyya; el talismán del Yemení". Vivió en el siglo IX y fue el que tomó la decisión de fundar la ciudad de Mursiya o Mursiyya, la actual Murcia.
Otra imagen de la estatua murciana de Abderramán II

Primeros años

Nació en Toledo, entre octubre y noviembre del año 792. Era hijo de al-Hakán I, que en el momento del nacimiento de Abderramán todavía no gobernaba en al-Andalus. Pero desde 796 hasta su muerte (822) el progenitor de nuestro personaje (que también aparece en algunas escenas de la novela histórica "Mursiyya ETDY") se aferra con firmeza al trono del emirato de al-Andalus.

Parece ser que durante su juventud tuvo bastante relación con uno de los eunucos de palacio, Nasr, otro de los personajes reales de nuestra novela y que por ello, cuando fue emir, depositó su confianza en él para todo lo relacionado con su propia seguridad.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
Las crónicas lo describen como muy moreno, con grandes ojos negros y marcadas ojeras a cada lado de su nariz aguileña. De porte alto y corpulento, usaba larga barba que ocultaría en parte lo acentuado de su surco nasogeniano (la arruga vertical entre la nariz y el medio del labio superior).

Años de gobierno

Tomó posesión del cargo de emir y, prácticamente, lo primero que se encontró es parte de lo que se relata en la trama de "Mursiyya; el talismán del Yemení": la rebelión de la cora de Tudmir y los intentos de golpe de estado de su tío Abd Allah. En esta novela histórica podremos descubrir cómo se resuelven ambos problemas.
Estatua de Abderramán II sita en Murcia
Tuvo gran interés por fomentar las artes y lograr que su emirato brillase tanto o más que el califato bagdadí. Para ello, entre otros, contrató al famoso Ziryab, también personaje de "Mursiyya; El talismán del Yemení" y, verdaderamente, consiguió elevar Córdoba a los más alto del mundo conocido en todo lo relacionado con la cultura.

Además, Abderramán II era un mujeriego empedernido, lo que se refleja en sus amoríos con numerosas concubinas, entre las que destacaron las noveladas Tarub y al-Shifa. Según las cuentas de los historiadores, este emir tuvo más de ochenta hijos.

Y para evitar caer en el spoiler evitaremos hablar aquí de sus últimos años y de su sucesión, ya que el lector los podrá descubrir durante la lectura de la novela.

Hasta la próxima entrada.

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