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lunes, 23 de enero de 2017

Abd Allah, gobernador de Valencia

Volvemos con otro de los personajes reales que aparecen en la novela "Mursiyya, el talismán del Yemení" (editorial Dokusou) y que vivió a finales del siglo VIII y principios del siglo IX (durante el emirato de al-Andalus, no confundir con épocas posteriores como los reinos de taifas).

¿De quién hablamos hoy?

Esta vez se trata de Abd Allah, que ejercía de gobernador de Valencia en los últimos años de gobierno del padre de Abderramán II (el emir al-Hakam I) y durante los inicios de la guerra civil en Tudmir (provincia de Murcia y aledañas). Hablaremos de él muy brevemente, pues su intervención en la novela "Mursiyya, el talismán del Yemení" también es breve, aunque no por ello menos importante.

Antecedentes

Este Abd Allah fue un poco rebelde. Era tío del emir de al-Andalus al-Hakam I y se rebeló en Zaragoza contra este. Ya lo había hecho anteriormente (lo de rebelarse) contra el anterior emir, Hisham I, a la vez que lo hiciera Suleyman en Mérida (este, con menos suerte que nuestro protagonista, pues su cabeza fue entregada en una bonita caja al emir traicionado).

Finalmente, como premio a su constante rebeldía, o más bien para satisfacer su ambición y que no molestara más, parece ser que fue nombrado gobernador de Valencia.

Ambición sin límites

Según las crónicas, este ambicioso hombre quiso aprovechar la muerte de al-Hakam I, para hacerse con el poder en Córdoba y así gobernar todo al-Andalus como emir. Debió de pensar que ser familia del difunto emir le otorgaba ese derecho y que podría aprovechar los primeros momentos del gobierno del heredero del trono para derrocarlo. No en vano, Abderramán II, recién aterrizado en las labores de Estado, debía demostrar su valía a la vez que afianzar su poder y hacerse con los complejos mandos del aparato estatal. Unos meses de debilidad que había que aprovechar antes de que pasara.

En Mursiyya y Tudmir  

Con semejante mezcla de ingredientes solo podía suceder lo que a continuación contamos: el gobernador de Valencia reunió un ejército propio e intentó, nuevamente, rebelarse. Esta vez, como apuntábamos, contra el recién nombrado emir Abderramán II. Pero antes, para recabar apoyos, pasó por Tudmir, donde una guerra civil entre Yemeníes y Mudaríes se estaba gestando. Allí encontraría su final, probablemente en Lorca. Y pocos lectores imagináis cómo fue su muerte. Lo descubriréis en la novela.

martes, 6 de diciembre de 2016

Teodomiro, el conde cristiano del sureste español

Teodomiro no vivió en el siglo IX d.C. durante el que se ambienta la trama principal de "Mursiyya, el talismán del Yemení", sino entre los siglos VII y VIII d.C.

Sin embargo, en esta novela algunos personajes hablan entre ellos en diversas ocasiones de la historia de la cora o provincia de Tudmir (pues al final todo lo que sucede entre los siglos VIII y IX y se cuenta en esta obra va cobrando sentido según va avanzando la trama y pasa a formar parte, de alguna forma, de la misma, redondeándola) y recuerdan el momento en que el ejército musulmán de Abdelaziz invade el sureste de la península ibérica y se enfrenta a este gran estratega visigodo (enfrentamiento que se daría en el año 713 d.C.). 
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
De esta manera, los personajes del siglo IX d.C. que protagonizan esta novela histórica hacen que el Teodomiro del anterior siglo cobre vida en sus conversaciones y recuerdos y por eso vamos a hablar de él, como hablaremos en otro post de su sucesor, Atanahildo.

Teodomiro

¿Pero quién era Teodomiro? Algunas fuentes llegan a afirmar que los árabes lo llegaron a conocer con el nombre arabizado de Tudmir ben Gabdus y que de ahí viene el nombre con el que se refererían a la cora murciana, aunque no todos los historiadores están plenamente de acuerdo en esto.

No se sabe mucho sobre su vida, aunque se cree con bastante certeza que pudo morir en el 743. Perteneció a la corte del rey visigodo Egica, que gobernó la península entre los años 687 y 700 d.C. y tuvo como responsabilidad defender las costas levantinas de los intentos de invasión de la península por parte de los bizantinos. Además, con su flota repelió algún primer ataque de los musulmanes, que ya tenían ganas de apoderarse de nuestras tierras. De hecho, fue durante el reinado conjunto de Witiza y Egica (que correinaron entre el 700 y el 702/703) cuando Teodomiro repelería uno de los ataques más importantes de la flota bizantina. Batallas y enfrentamientos que, sin duda, ayudaron a Teodomiro a desarrollar y mejorar sus habilidades de lucha.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer

Así llegó el año 711 d.C. en el que participó en la batalla de Guadalete bajo las órdenes de don Rodrigo, siendo las escuadras bajo el mando de Teodomiro las que más fieramente lucharon contra el ejército invasor, aunque esto no fue suficiente para evitar la derrota de las tropas cristianas. En cualquier caso el coraje del noble oriolano y su capacidad estratégica le hicieron ganarse el respeto de los musulmanes que hubieron de enfrentarse más adelante a él en diversas ocasiones hasta la firma del pacto de Tudmir.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer

El pacto de Tudmir

Cuando Abdelaziz (después de una batalla mencionada en la novela "Mursiyya - El talismán del Yemení") llegó con su ejército a las puertas de Orihuela, Teodomiro (Tudmir), tal y como se describe en nuestra obra, le ofreció al jefe musulmán un acuerdo de paz que quedaría sellado en un pacto conocido por la historiografía murciana y española como El pacto de Tudmir (posiblemente el primer documento oficial que se conserva de la invasión árabe de la península).
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer

En este documento se acordó una serie de privilegios (a cambio del pago de unos impuestos) para los cristianos de la cora de Tudmir (un cierto nivel de autogobierno, el respeto hacia sus propiedades y cultos religiosos, etc.). Algunos historiadores, sin embargo, opinan que no se puede considerar este pacto tan ventajoso como otros expertos defienden.

En cualquier caso el mencionado pacto se mantuvo vigente durante décadas, incluso tras la muerte de Teodomiro, al que sucedió Atanahildo (quizás su yerno o su hijo). Bajo el "mandato" de este, que al igual que Teodomiro ejercía la representación de la población cristiana, acabó rompiéndose el tan famoso acuerdo del sureste peninsular.

Y poco más podemos contar si no queremos destripar demasiado el contenido de la novela. Pronto hablaremos de otros personajes reales de la misma.

sábado, 12 de noviembre de 2016

Los Banu Jattab, una importante estirpe murciana

Uno de los personajes que se pasean por las páginas de «Mursiyya - El talismán del Yemení» (la novela sobre la fundación de Murcia) es Muhammad ben Marwan ben Jattab, un ilustre ciudadano de la cora de Tudmir (sureste de la península ibérica)  siglo IX d.C. descendiente de los Banu Jattab, que habría viajado con sus hijos Jattab y Amira a lo que hoy conocemos como Túnez, a estudiar un texto jurídico islámico (la mudawwana de Sahnun). Pero antes hablemos de los Banu Jattab.

Los Banu Jattab

Los Banu Jattab (hijos de Jattab) fue una de las familias más importantes de Tudmir durante siglos. Para entender la importancia de este linaje debemos hablar en primer lugar de Abdalyabbar ben Jattab ben Marwan ben Nadir, que también aparece en "Mursiyya, el talismán del Yemení", no tanto como personaje sino como referencia, ya que los protagonistas al hablar de algunos de sus vecinos recuerdan a este antepasado de los mismos.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
"Según me contó Abdul (...) antes de la muerte de Teodomiro, señor de esta cora (...), éste entregó su hija al jefe sirio del yund de Misr, Abdalyabbar ben Jattab ben Marwan ben Nadir, para que la desposara. Era un modo de asegurar la continuidad del pacto por el que esta provincia mantenía su independencia administrativa y religiosa en paz. Siendo el antepasado de aquella muchacha, por tanto, uno de los más ricos del sureste peninsular, su fortuna fue heredándose a través de las líneas de descendencia de la hija del aristócrata Teodomiro" (Mursiyya - El talismán del Yemení, p. 241-242).
Como se explica en la cita anterior, Abdelyabbar ben Jattab ben Marwan ben Nadir fue un importante jefe militar de los sirios que se instalaron en el sureste de España durante el comienzo de la dominación musulmana y formó familia con los más importantes cristianos de la zona, convirtiéndose al menos en yerno del entonces señor de Orihuela, Teodomiro, al casarse con su hija.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
Este Abdelyabbar, que vivió en el siglo VIII d.C., tenía mucho dinero y poder. Tanto que se cuenta que ayudó a Atanahildo (sucesor de Teodomiro, personajes cristianos ambos y de los que hablaremos en uno de los próximos artículos) a pagar una multa de tres veces nueve mil monedas de oro. Dicha cantidad, por ser desorbitada, era difícil de asumir incluso para una persona de alta posición como Atanahildo, por lo que este requirió la ayuda del primero (que probablemente sería, además, su cuñado, aunque los historiadores no se ponen de acuerdo en esto) que se la prestó. Un individuo poderoso, sin duda. Y respecto a lo que pasó con ese dinero, no desvelaremos nada aquí, y remitimos al lector a "Mursiyya - El talismán del Yemení".

Muhammad ben Marwan ben Jattab

El poder y riqueza de Abdelyabbar eran tan amplios que perduraron durante siglos (y quién sabe si aún hoy día habrá descendientes de este linaje repartidos por el mundo, e incluso en Murcia y España con apellidos castellanizados y/o modificados). 

Entre sus descendientes habitó la región de Murcia en la primera mitad del siglo IX d.C., época en la que se ambienta la trama principal de la novela, un tal Muhammad ben Marwan ben Jattab. Es por ello que este individuo se convierte en uno de los personajes de "Mursiyya" acompañando en alguna escena al protagonista de la misma.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
"-Si contribuyes a que dichos cultivos obtengan el agua que necesitan -continuó como si no me hubiese oído o como si quisiera confirmarme que sí, que yo le parecía tonto. Puesto que aquel descendiente de los Banu Jattab había estudiado con Sahnun, todos en Tudmir le tenían por un gran entendido en la materia, y no me convenía enfrentarme a él, a pesar de lo mal que me caía. Supongo que otra de las razones por las que nunca lo tragué era que estaba emparentado, aunque fuese lejanamente, con Kareemah, la esposa de Salman, el hijo de la retorcida Segulah y de (...) Yusef-, esas limosnas pasarán a ser activos tuyos que podrás utliizar en el día de tu muerte (...)" (Mursiyya - El talismán del Yemení, p. 551-552).
El tal Muhammad, como apuntábamos más arriba, visitó Oriente y el norte de África en el 837 d.C. Allí, acompañado de dos de sus hijos (Jattab y Amira) aprendió la Mudawwana, un texto jurídico fundamental para la doctrina malikí. Este importante libro lo estudió directamente de  Sahnun, uno de los grandes juristas musulmanes de la época (vivió aproximadamente entre los años 776 y el 854). El hecho de dominar este escrito convirtió a Muhammad en uno de los principales promotores del malikismo en al-Andalus y, sobre todo, en el sureste.
Ilustración cortesía de Francisco Miñano Pellicer
Y hasta aquí podemos "leer". Te invitamos a descubrir más en "Mursiyya - El talismán del Yemení"